¿ Q U É E S E L H A M B R E ?
El hambre es la sensación que
indica la necesidad de alimentos.
Fisiología
Fisiológicamente, el hambre está
producida por los grandes estímulos que ejercen ciertas sustancias sobre
nuestro cerebro. Así, por ejemplo, la hipoglucemia, estimula al hipotálamo
lateral y produce estímulos vagales que nos obligan a comer, mientras que los
ácidos grasos, la colesterina y la serotonina estimulan al hipotálamo
ventromedial y nos producen la sensación contraria del hambre: la saciedad.
En esta situación, se activan los
procesos necesarios para la consecución de alimento: actividad del sistema
dopaminérgico, dota al sistema nervioso central de una claridad en el
pensamiento y en la percepción del medio (similar a la que la estimulación por
drogas pueda causar), aumentando la neuroactividad. Cuando la fuente de
alimento está localizada, entran en funcionamiento las catecolaminas (en
concreto la adrenalina), que dotará al organismo de energías de reserva para
poder conseguir la fuente de energía necesaria.
La palabra “hambre” se refiere al
estado general de carencia de alimentos e inseguridad alimentaria que afecta a
todos los grupos de población. La desnutrición es el resultado fisiológico del
hambre y/o la enfermedad y se manifiesta en un amplio déficit de macro y micro
nutrientes. Existen tres formas de desnutrición: desnutrición aguda,
desnutrición crónica y bajo peso.
En Acción contra el Hambre
concebimos el hambre como una enfermedad, cuyo estado más grave, la
desnutrición aguda, puede curarse con un tratamiento eficaz y demostrado. Es
por tanto la mayor pandemia del siglo XXI. Mata a 3,1 millones de niños cada
año (8.500 niños cada día).
La hambruna es una situación que
se da cuando un país o zona geográfica no posee suficientes recursos para
proveer alimentos a su población, elevando la tasa de mortalidad debido al
hambre y la desnutrición. La hambruna y las guerras causan sólo un 10% de las
muertes por hambre, aun cuando éstas tienden a ser de las que trascienden con
mayor frecuencia. El otro 90% de las muertes se deben al hambre crónica.
El hambre crónica no se debe
simplemente a la falta de alimentos. Se produce cuando las personas carecen de
oportunidades para obtener ingresos suficientes, para tener la educación y la
capacidad para adquirir habilidades, satisfacer las necesidades básicas de
salud y tener una voz en las decisiones que afectan a su comunidad. Es una
consecuencia de las condiciones sociales arraigadas que sistemáticamente les
niegan a las personas – particularmente a las mujeres – las oportunidades que
necesitan para construir vidas de autosuficiencia y dignidad. Ya sea que estas
condiciones se manifiesten como corrupción, intransigencia burocrática,
conflicto armado, marginación o subyugación de indígenas y mujeres, estas están
arraigadas en una época y pensamiento casi universal patriarcal. Esto provoca
que se consoliden estructuras mentales como la resignación, falta de
responsabilidad, dependencia, conformismo y falta de confianza, que sólo dan
persistencia al hambre y la pobreza.
Cada día, millones de personas en
el mundo ingieren tan sólo la cantidad mínima de nutrientes para mantenerse con
vida. Cada noche, cuando se acuestan, no tienen la certeza de que tendrán
comida suficiente al día siguiente, a esto se le llama “inseguridad
alimentaria”. La FAO define la inseguridad alimentaria como: “Situación que se
da cuando las personas carecen de un acceso seguro a una cantidad suficiente de
alimentos inocuos y nutritivos para un crecimiento y desarrollo normales y una vida
activa y sana”.
¿QUÉ CAUSA EL HAMBRE?
El mundo produce lo suficiente
para alimentar a toda la población mundial de 7 mil millones de personas. Sin
embargo, uno de cada ocho personas en el planeta va a la cama con hambre cada
noche. En algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso. ¿Por qué
existe el hambre?
Hay muchas razones por las cuales
existe el hambre en el mundo y a menudo están interconectadas. Aquí hay 6 que
creemos que son importantes.
La trampa de la pobreza
La gente que vive en situación de
pobreza generalmente no puede costearse comida nutritiva para ellos ni sus
familias. Esta situación los vuelve más débiles y menos capaces de ganar el
dinero que los hubiese ayudado a escapar de la pobreza y el hambre. Esto no es
solo un problema del día a día: cuando los niños sufren de desnutrición
crónica, esto puede afectar sus futuros ingresos, condenándolos a una vida de
pobreza y hambre.
En países en vías de desarrollo,
normalmente los agricultores no pueden costear las semillas, lo cual trae como
consecuencia el no poder plantar los sembradíos que hubiesen provisto a sus
familias de alimento. En algunos casos, ellos deben cultivar sin las
herramientas ni fertilizantes necesarios. Otros no cuentan con tierra, agua o
educación. En resumen, los pobres sufren de hambre y, al mismo tiempo, el
hambre es lo que los mantiene en la pobreza.
Falta de inversión agrícola
Muchos países en vías de
desarrollo carecen de una buena infraestructura agrícola, como lo son un buen
sistema vial, silos e irrigación. Esto trae como resultado un alto precio en el
transporte, falta de instalaciones de almacenamiento y suministro de agua
intermitente. Todo esto conspira en contra de las cosechas y el acceso al
alimento.
Las inversiones en administración
de tierras, uso eficiente del agua y el uso de semillas resistentes traen
consigo grandes mejoras.
Investigaciones realizadas por la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
demuestran que la inversión en agricultura es cinco veces más efectiva en la
lucha contra el hambre y la pobreza que la inversión en cualquier otro sector.
Clima y tiempo
Los desastres naturales como
inundaciones, tormentas tropicales y largos periodos de sequía están
aumentando, lo cual trae consecuencias devastadoras para la gente de bajos
recursos que vive en países en vías de desarrollo.
Las sequías son la causa más
común de escasez de alimentos en el mundo. En 2011, una sequía recurrente causó
grandes pérdidas en el sector agropecuario en Etiopía, Somalia y Kenia. En 2012
hubo una situación similar en la región del Sahel en el África occidental.
En muchos países, el cambio
climático ya está causando condiciones adversas. Cada vez más tierras fértiles
sufren de erosión, salinización y desertificación. La deforestación a manos de
los humanos causa una erosión acelerada lo cual dificulta la cosecha de
alimentos
Guerras y desplazamientos
Alrededor del mundo, los
conflictos armados interrumpen de manera constante la cosecha y producción de
alimentos. Este tipo de conflictos también fuerza a millones de personas a huir
de sus hogares, dando como resultado severas crisis en la seguridad alimentaria
de las personas que, una vez que se desplazan, se encuentran sin los medios
para poder mantenerse a sí mismas. El conflicto en Siria es un perfecto
ejemplo.
En la guerra, a veces los
alimentos se convierten en armas. Los combatientes obligan a sus adversarios a
rendirse por medio del hambre, tomando los alimentos y el ganado y destruyendo
sistemáticamente los mercados locales. Los campos, usualmente, minados y los
pozos de agua contaminados, obligan a los agricultores a abandonar sus tierras.
El conflicto creciente en Somalia
y la República Democrática del Congo ha contribuido significativamente al alto
nivel de hambre en esos dos países. En comparación, el hambre se está
reduciendo en las partes más pacíficas del continente africano como Ghana y
Ruanda.
Mercados inestables
En años recientes, el precio de
los alimentos ha sufrido una gran inestabilidad. Los precios suben y bajan como
una montaña rusa, lo cual dificulta el acceso consistente a alimentos
nutritivos para la gente de bajos recursos. Éstos necesitan acceso adecuado a
alimentos todo el año y estas alzas en los precios ponen los alimentos fuera de
su alcance, trayendo consecuencias permanentes a niños pequeños.
Cuando los precios suben, los
consumidores tienden a cambiar a alimentos más baratos y menos nutritivos,
dando como resultado deficiencias de micronutrientes y otras formas de
desnutrición.
Desperdicio de alimentos
Un tercio de todos los alimentos
producidos (1.3 mil millones de toneladas) nunca es consumido. Este desperdicio
de alimentos representa una oportunidad perdida en la lucha por mejorar la
seguridad alimentaria global, en un mundo donde una de cada ocho personas sufre
de hambre.
Producir estos alimentos también
utiliza preciados recursos naturales necesarios para alimentar al planeta. Cada
año, los alimentos que son producidos, pero que no son consumidos aglutinan un
volumen de agua equivalente al flujo de agua del rio Volga, en Rusia. Producir
estos alimentos también libera un aproximado de 3.3 mil millones de toneladas
de gases de invernadero.
Fuentes:






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